Por razones más que evidentes esta era una visita obligada; de modo que con seis años al menos de retraso hemos estado en el Monasterio de San Salvador de Leyre. La próxima vez habrá que llevar a la interesada, que tiene verdaderas ganas -o al menos eso dice-.
Desde el s. IX y en el mismo emplazamiento entre robles y encinas, ya existía un importante centro de vida espiritual. A partir de entonces, en diferentes fases y sucesivas reconstrucciones que llegan hasta el s. XVI, Leyre fue una fortaleza prácticamente inexpugnable en los límites del Reyno de Navarra, al tiempo que un lugar donde apartarse del mundo y dedicar la vida a la oración.
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